(INSOMNE) Capítulo 6: La casa

Aquella noche no soñé con la puerta, sino con la casa donde vivía de niño, un lugar que no recordaba haber soñado jamás. Era exactamente igual: el pasillo…

(INSOMNE) Capítulo 6: La casa

Aquella noche no soñé con la puerta, sino con la casa donde vivía de niño, un lugar que no recordaba haber soñado jamás. Era exactamente igual: el pasillo estrecho, la alfombra, la pared del fondo, el mueble de las llaves y la puerta del dormitorio de mis padres cerrada. Yo era pequeño, estaba descalzo y tenía frío. Al otro lado escuchaba las voces de mis padres discutiendo sin poder distinguir las palabras.

Me desperté sobresaltado en un dormitorio completamente oscuro. Durante unos segundos no reconocí nada, ni la cama, ni la mesilla, ni mi propia vida, hasta que todo volvió poco a poco. Respiré. Miré el reloj: las 3:17. Siempre las 3:17. Me levanté a beber agua a la cocina y entonces vi la puerta de entrada abierta apenas unos centímetros. Sabía que la había cerrado, lo sabía con seguridad. Me acerqué, la cerré, eché el pestillo y, cuando iba a alejarme, escuché un roce al otro lado seguido de una respiración. Me quedé inmóvil.

—¿Mamá?

Nada. Esperé. Alguien llamó a la puerta tres veces, lentas y pesadas. Uno, dos, tres. No abrí. Los golpes volvieron a sonar con más fuerza y di un paso atrás.

—¿Quién es?

Silencio. Miré por la mirilla y no había nadie, pero al fondo del pasillo apareció otra puerta que no debería estar ahí, de madera oscura y con la pequeña marca en la parte inferior. La misma. Parpadeé y desapareció, dejando solo el pasillo vacío de mi edificio. Me apoyé contra la pared con las manos temblando y, cuando por fin volví a entrar, ya había amanecido. Faltaban cincuenta y tres días para mi cumpleaños. Lo supe porque abrí el calendario del teléfono y conté los días uno por uno, sintiendo un escalofrío antes de intentar olvidarlo sin conseguirlo.

Aquella misma mañana busqué a mi padre en internet. No encontré nada, o quizá no quise encontrarlo; su nombre aparecía en algún registro antiguo sin fotografías ni noticias que ayudaran. Abrí una carpeta vieja de archivos en el ordenador con imágenes de mi infancia, de mi madre, de mí, de Navidades, de una playa y de un perro que ni recordaba. Pasé las fotos rápido hasta que apareció él, sentado junto a mi madre con un yo de ocho o nueve años en medio. Mi madre sonreía; mi padre no. Amplié la imagen y me fijé en su cara, sintiendo que me miraba como si guardase una respuesta que yo aún no sabía formular. Miré los detalles del archivo y vi que la foto había sido digitalizada años después, por lo que no servía de mucho. Entonces vi algo detrás de nosotros: la puerta del dormitorio de mi padre estaba entreabierta. Amplié la pantalla más y más hasta que se volvió borrosa, pero distinguí una cosa: la mano de mi padre apoyada en el marco, como si acabara de salir o estuviera a punto de entrar.

Un golpe seco me desconcentró. Me levanté, apagué el ordenador y, por primera vez desde que empezaron las pesadillas, tuve miedo de dormir y no entendía bien el por qué.

Aquella noche mi madre volvió a escribir. “¿Has pensado ya qué quieres hacer por tu cumpleaños?”. Miré el mensaje y esta vez tardé mucho en responder. Escribí: “¿Cuántos años tenía papá cuando murió?”. Los tres puntos aparecieron, desaparecieron y volvieron a aparecer durante casi dos minutos antes de llegar su respuesta: “No pienses en eso ahora”. Y después: “Todo está bien”.

Apagué el teléfono. No dormí aquella noche, ni la siguiente, ni la otra. Y por primera vez empecé a preguntarme si el insomnio no había empezado porque mi mente estaba dejando de querer olvidar.

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© 2026 Lourdes García Morán. Todos los derechos reservados.

Insomne es una obra de ficción original. Queda prohibida la reproducción, distribución o transformación de este texto, total o parcialmente, sin autorización expresa de la autora.

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