¿Alguna vez has sentido que tu peor enemigo eres tú mismo?
He vuelto a ver el videoclip de “Y está oscuro” de Tiziano Ferro y me he dado cuenta de que no habla de amor, sino de una batalla interna: la lucha por no ser devorado por nuestras propias sombras.
Te invito a que, antes de leer el artículo, veas el videoclip:
La casa en bucle
El escenario es gris, desordenado. Un espacio que se siente como una mente en crisis donde el tiempo no avanza. Él mira grabaciones de ella, pero si te fijas bien, visten igual y se mueven igual. Ella no es su pareja; es su alter ego. Es esa parte de su psique que ha cobrado vida y ha empezado a ser peligrosa. El visionado de las imágenes realmente es el proceso de su mente recordando lo vivido.
La Jaula Dorada
“Bello, pero siempre en una jaula estaba”. A veces nos aferramos a nuestra arquitectura mental porque nos resulta conocida. Es una jaula, sí, pero es “dorada” porque nos da una identidad, aunque sea a través del sufrimiento. Nos mimetizamos tanto con nuestro malestar que ya no sabemos dónde terminamos nosotros y dónde empieza el “monstruo”.
El mordisco: ¿Por qué aceptamos el daño?
Lo más inquietante del vídeo no es que ella se convierta en vampiro y lo muerda. Lo que asusta es que él lo acepta. A veces preferimos que nuestro síntoma nos muerda y nos deje marca antes que habitar una casa vacía. El mordisco es el recordatorio doloroso de que “hay algo”, de que estamos vivos, aunque nos esté consumiendo.
El amanecer: Una tregua, no una cura
Al final, él sale de la casa al amanecer. Salir a tomar aire nos demuestra que la salud mental no es la ausencia de conflictos, sino la capacidad de salir de la “casa contaminada” y respirar un aire que no huela a nosotros mismos.
La crisis como catarsis
Propongo dejar de ver la crisis como un incendio y empezar a verla como una catarsis. A veces el síntoma necesita sacudirnos para que no nos acomodemos en una falsa calma. La crisis no viene a destruirnos, viene a remover los cimientos de nuestra jaula para que encontremos, entre los escombros, nuestra zona de calma y reconstruirnos a partir de ahí.
Darnos una tregua es:
- Validar: “Sé que estás aquí porque tengo miedo, no porque seas mi identidad”.
- Desdramatizar: Una recaída no es un paso atrás, es un reajuste del sistema.
- Confiar: Por muy larga que sea la noche, siempre sabemos encontrar la salida al alba.
Solo cuando dejamos de luchar contra el mordisco, podemos empezar a curar la herida y darnos el permiso de, simplemente, estar bien.
