Volví a escribir por una necesidad muy básica: tener un espacio donde hablar de salud mental sin juicios ni represalias. Quería soltar mis vivencias e ideas. Cosas que parecen inconexas pero que, al final, forman mi vida.
Sin embargo, había un tema que me daba verdadero terror tocar. Durante mucho tiempo fue un tabú para mí, en gran parte porque yo misma creía que ver o escuchar cosas que no están ahí era sinónimo automático de esquizofrenia.
Es fundamental explicar que las alteraciones perceptivas son un síntoma transversal en salud mental. Pueden aparecer por deprivación del sueño, duelo grave, picos de estrés, ansiedad severa y, de forma muy documentada, en el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) ante fluctuaciones emocionales o cambios de rutina.
En la esquizofrenia, las alucinaciones son un síntoma egosintónico. La persona tiene una convicción absoluta de que lo que percibe es real. El juicio de realidad está alterado (ej. “Las voces son reales y me persiguen”). Podríamos decir que son las “alucinaciones verdaderas”.
En la ansiedad o el TLP, el síntoma es egodistónico. La persona percibe el estímulo (ve la sombra, escucha el ruido), pero su lóbulo frontal funciona correctamente y le dice: “Esto no es real, es mi cerebro jugándome una mala pasada”. Causa angustia y pesadumbre, precisamente porque la persona es dolorosamente consciente de que su percepción está fallando. Podríamos decir que se trata de una pseudoalucinación o alucinosis.
Una vez sabido esto, repasemos los tipos de alteraciones perceptivas (alucinaciones) ligadas al estrés:
- Auditivas (Las más comunes): Escuchar el propio nombre de forma aislada, murmullos ininteligibles, zumbidos, o el sonido de un teléfono o timbre que no ha sonado. Yo he llegado a oír frases enteras, mensajes como: No vales nada, mátate, acaba con esto. La voz, no era mi voz interior pero sí salía de mí (aunque al principio sí pensé que venían de fuera).
- Visuales: Ver sombras fugaces en la visión periférica, destellos de luz (fotopsias) o la sensación de que algo se mueve rápidamente por el rabillo del ojo. Yo he llegado a ver personas completas en mi casa, que no estaban allí porque era plenamente consciente de que era algo imposible.
- Somáticas/Táctiles: Sensación de hormigueo, presión en alguna extremidad o la impresión de que algo roza la piel (muy ligado a la hipervigilancia del sistema nervioso simpático). Yo he llegado a sentir brazos rodeando mi cuerpo, el peso de una persona, la respiración próxima de otro individuo, entre otros. ¿Angustioso, verdad?
En los perfiles con desregulación emocional o TLP, el DSM-5 contempla los “síntomas disociativos graves o ideación paranoide transitoria relacionada con el estrés” como un criterio diagnóstico. Estos microepisodios (que pueden durar desde minutos hasta unos pocos días) suelen aparecer en transiciones vitales: la vuelta de unas vacaciones, el inicio de una época de exámenes, o cuando el cerebro, tras haber estado en un periodo de calma, se enfrenta de nuevo a las demandas del entorno. Al no poder procesar la carga, el sistema se “disocia” o genera estos fallos perceptivos temporales.
Y entonces, al reaccionar con pánico ante una pseudoalucinación, le estamos enviando un mensaje de alerta máxima a nuestra amígdala. El sistema nervioso, que ya estaba sobrecargado, recibe una nueva inyección de adrenalina y cortisol. Esto no solo dispara la ansiedad, sino que, paradójicamente, hace que el cerebro se sature más y sea más propenso a seguir produciendo estos “fallos” perceptivos. Es un círculo vicioso perfecto.
¿Cómo se rompe este bucle?
Quitándole el poder al síntoma. Entendiendo que esa experiencia irreal no es un monstruo que viene a destruirte, sino simplemente un aviso de tu sistema nervioso pidiendo que lo atiendas. Es tu cerebro informándote de que el vaso se ha desbordado, no una condena de locura crónica. Aprender a observar lo que la mente proyecta con neutralidad, sin salir corriendo de nosotros mismos, es el primer paso para recuperar el control.
Si tienes episodios como estos, por favor, consulta con un profesional. Lo mejor es quitarle poder lo antes posible.
Referencias Bibliográficas
Estas referencias académicas respaldan exactamente las diferencias entre las alucinaciones por estrés/TLP y las psicóticas:
- American Psychiatric Association (2022). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5-TR). Editorial Médica Panamericana. (Referencia esencial para citar el Criterio 9 del TLP: síntomas paranoides o disociativos transitorios ligados al estrés).
- Slotema, C. W., Daalman, K., Blom, J. D., Diederen, K. M., Hoek, H. W., & Sommer, I. E. (2012). Auditory verbal hallucinations in patients with borderline personality disorder are similar to those in schizophrenia. Psychological Medicine, 42(9), 1873-1878. (Este estudio es fascinante para tu artículo: demuestra que la frecuencia acústica puede ser similar, pero el impacto, la duración y la consciencia de enfermedad —el juicio de realidad— marcan la diferencia radical).
- Pearce, J. K., & Pickard, H. (2010). Finding the will to recover: philosophical perspectives on agency and the sick role. Journal of Medical Ethics, 36(12), 831-833. / Tschoeke, S., et al. (2014). Hallucinations in Borderline Personality Disorder: A Review. Nervenarzt, 85(10), 1261-1269. (Revisiones clínicas que confirman que las alucinaciones en el TLP están ligadas al nivel de estrés y tienen un fuerte componente de hipervigilancia o disociación, no de degeneración psicótica).
- García-Montes, J. M., Pérez-Álvarez, M., & Sass, L. A. (2006). Las alucinaciones, la esquizofrenia y el problema del yo. Apuntes de Psicología, 24(1-3), 1-21. (Útil para explicar cómo en la esquizofrenia hay una ruptura del “Yo”, mientras que en la ansiedad o el TLP el “Yo” sigue siendo un observador crítico de la alucinación).
