(Hybris) Capítulo 2: Ceguera

A la mañana siguiente, Mateo descubrió que el programa había sido un éxito. No exactamente el éxito que había imaginado, pero sí uno de esos episodios que…

(Hybris) Capítulo 2: Ceguera

A la mañana siguiente, Mateo descubrió que el programa había sido un éxito.

No exactamente el éxito que había imaginado, pero sí uno de esos episodios que hacían crecer las cifras durante días.

El fragmento se había difundido por redes sociales y varios medios digitales habían recogido sus declaraciones. Algunas personas exigían que retiraran el podcast. Otras defendían su derecho a decir lo que pensaba. Había insultos, amenazas, mensajes de apoyo y discusiones interminables.

Mateo desayunaba en una cafetería mientras revisaba las estadísticas en el ordenador.

Cada veinte segundos aparecía una nueva notificación.

—Treinta y siete mil —murmuró y sonrió.

No le preocupaba que algunos lo llamaran monstruo. Lo que le preocupaba era dejar de ser relevante. Aquella era la diferencia entre Mateo y la mayoría de quienes lo criticaban. Él no necesitaba que lo quisieran. Necesitaba que lo escucharan. Y aquel día lo estaba escuchando todo el mundo.

Dos días después, su productora le pidió que grabara una declaración. Mateo aceptó. Se sentó ante el mismo micrófono y adoptó una expresión grave.

—Durante las últimas horas se ha generado una polémica considerable a raíz de unas declaraciones que hice en el último programa. Al parecer, algunas personas han decidido interpretar mis palabras como una forma de culpabilizar a la víctima.

Se detuvo, aquello era importante y había que parecer razonable.

—Creo que el problema está en que vivimos en una sociedad incapaz de aceptar determinados análisis cuando resultan incómodos. Mi intención era hablar de prevención y responsabilidad individual, no justificar ningún delito.

Podía haber terminado allí. Podía haber dicho que lamentaba que alguien se hubiera sentido herido. Pero no lo hizo.

—Dicho esto, tampoco voy a pedir perdón por decir algo que considero cierto simplemente porque algunas personas no quieran escucharlo.

Apagó la grabación y notó cómo su teléfono comenzó a vibrar casi inmediatamente. Era su productora.

—¿Qué?

—Mateo, te pedí una disculpa.

—Te he dado una explicación.

—Necesitamos que bajes el tono.

—No.

—Hay anunciantes preguntando qué vamos a hacer.

Mateo se levantó.

—Pues que pregunten.

—Esto puede perjudicarte.

—También puede beneficiarme.

—¿No te importa nada?

Mateo miró su reflejo en el cristal.

—Me importa no convertirme en alguien que pide permiso para hablar.

Colgó.

No sintió ninguna duda. Al contrario, estaba totalmente convencido de haber hecho lo correcto.

Eran cerca de las once de la noche y la ciudad de Madrid estaba mucho más tranquila. Caminaba hacia el coche mientras revisaba las cifras del programa, absorto en su pantalla y con los auriculares puestos, atento a los análisis de otros programas. Había ganado miles de seguidores desde la emisión.

Mateo sonrió al ver la última notificación. No levantó la cabeza cuando escuchó unos pasos detrás de él, ni tampoco vio el vehículo que se detuvo unos metros más adelante.

Todo ocurrió demasiado deprisa: Un golpe, un movimiento brusco. La pantalla del teléfono cayó al suelo. Durante un instante Mateo vio el reflejo de una luz sobre el cristal. Después dejó de ver nada.

cap2© 2026 Lourdes García Morán. Todos los derechos reservados.
Hybris es una obra de ficción original. Queda prohibida la reproducción, distribución o transformación de este texto, total o parcialmente, sin autorización expresa de la autora.

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