Perdonar y soltar

Desde la psicología, el perdón suele entenderse menos como un acto moral y más como un proceso de regulación emocional. Cuando una persona sufre un daño…

Perdonar y soltar

Desde la psicología, el perdón suele entenderse menos como un acto moral y más como un proceso de regulación emocional. Cuando una persona sufre un daño interpersonal, es habitual que aparezcan emociones como la ira, la tristeza o el resentimiento. Estas respuestas no son necesariamente negativas en sí mismas: cumplen una función adaptativa, ya que nos permiten reconocer que algo importante para nosotros ha sido vulnerado.

El problema aparece cuando ese resentimiento se mantiene de forma prolongada. En esos casos puede transformarse en una carga psicológica que mantiene viva la experiencia negativa mucho después de que el acontecimiento haya pasado. Por ello, muchos enfoques psicológicos plantean que el perdón no consiste en justificar lo ocurrido ni en minimizar el daño, sino en modificar la relación emocional que la persona mantiene con ese acontecimiento.

Desde esta perspectiva, perdonar puede entenderse como una forma de reorganización cognitiva y emocional. Implica reconocer lo sucedido y su impacto, pero también evitar que ese episodio continúe ocupando un lugar central en la vida psicológica del individuo. Cuando disminuyen la rumiación y el resentimiento, suele aparecer una mayor sensación de control sobre el propio estado emocional.

La reflexión sobre el perdón, sin embargo, no pertenece únicamente al ámbito de la psicología contemporánea. También ha sido una cuestión relevante en la tradición filosófica. Friedrich Nietzsche, por ejemplo, advirtió que el resentimiento prolongado podía convertirse en una forma de dependencia psicológica respecto al daño sufrido. Desde su perspectiva, superar el resentimiento no implicaba necesariamente reconciliarse con quien causó el daño, sino más bien afirmar la propia fortaleza interior y la capacidad de no quedar definido por el agravio.

Al mismo tiempo, diversas investigaciones han encontrado que los procesos de perdón suelen asociarse con menores niveles de estrés psicológico y con una mayor percepción de bienestar subjetivo. En parte, esto se debe a que permiten cerrar ciertos ciclos emocionales y redirigir la atención hacia experiencias presentes y futuras más constructivas.

En este sentido, perdonar no significa olvidar ni restar importancia a lo sucedido. Perdonar implica adoptar una posición psicológica que favorezca la tranquilidad interior. Se trata, en última instancia, de dejar de invertir energía emocional en un hecho pasado para poder orientarla hacia aquello que contribuye al propio equilibrio y crecimiento personal.

Una pequeña recomendación bibliográfica: 

Riaño Esquiroz, M. C. (2021). El perdón: Guía para perdonar y ser más felices. Barcelona, España: RBA Libros.

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